El sueño de las hormigas, aroint desde españa.

un amigo del cuchitril que estan leyendo nos ha enviado su cuento desde españa,
aportando a LaHormiga l@s dejamos con el texto, saludos!...




El sueño de Las Hormigas
aroint, España.

El olor característico del rastro químico me activa inmediatamente.
Recorro el final del túnel y salgo del nido; agito las antenas y huelo las señales que ha dejado la hormiga exploradora.

Sigo ese reguero de feromonas dejado por mi compañera, andando mecánicamente; todas avanzamos en un orden marcial. La hormiga capataz se encarga de preservar la marcha con eficiencia.
Me detengo delante el objetivo; 256 imágenes de mi derecha y 256 imágenes de mi izquierda, van de mis ojos compuestos a mi cerebro, mostrándome un pequeño trozo de carne putrefacta.
Mis mandíbulas chasquean con satisfacción.

Estoy volviendo al nido, con un buen pedazo de carne cuando me siento tocado por un hálito de conciencia y me pregunto qué estoy haciendo.

-Soy un ser impersonal, sin carácter propio, que sigue una rutina preconcebida en la que no cabe un atisbo de personalidad propia… no tengo poder de decisión… soy como un autómata esclavo de su propia inercia… ¡quiero ser libre!-

Suelto el pedazo de carne y corro. La hormiga capataz intenta devolverme a la fila empujándome con su cabeza pero consigo escabullirme; mis patas se agitan convulsas intentando correr lo imposible… estoy aterrorizada.
Y con razón.

En nada y menos las hormigas soldado me despedazan ahí mismo; la primera en llegar me corta la cabeza de un tajo y luego las demás me trocean… sólo soy una simple hormiga obrera.

Me despierta la alarma del móvil; es hora de trabajar y nunca me alegré tanto.

-Que sueño más horrible- pienso para mis adentros.

La verdad es que lo había pasado fatal, los restos de sudor en mi frente y mi espalda eran mudas consecuencias de todo lo sufrido.

El olor del café recién hecho, por alguno de mis vecinos, inunda mis fosas nasales y siento como me activo, siguiendo años de costumbre.
Recorro lo que me queda de vestíbulo y salgo a la calle.

Mis pasos me guían por los caminos de siempre, camino de una manera automática. Observo a la otra gente y también veo que la gente parece seguir unas líneas imaginarias que les guían a su destino. El tráfico es un caos a pesar de los esfuerzos de un Guardia Urbano que intenta solucionar el atasco.

De golpe tengo una sensación de déjà vu y me detengo en medio de la calle; esbozos de la pesadilla nocturna retornan a mi cabeza y me pregunto qué estoy haciendo.

-Soy un ser impersonal, sin carácter propio, que sigue una rutina preconcebida en la que no cabe un atisbo de personalidad propia… no tengo poder de decisión… soy como un autómata esclavo de su propia inercia… ¡quiero ser libre!-

Pienso en salir corriendo y acabar con esta vida de esclavo, pero imagino a mi jefe chasqueando las mandíbulas y me apresuro para no llegar tarde al trabajo… sólo soy una triste hormiga obrera.



--------


No hay comentarios:

©2008 boletin LaHormiga/
medio autonómo y participativo